1, 2, 3, ¡Y ya!

Varita

Creo que lo que Nicholas Carr trata de decirnos en “Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?” es solo la puntita del iceberg, las consecuencias están por venir. De forma muy bien documentada nos alerta de cómo nuestro cerebro, material plástico donde los haya, está creando nuevas conexiones neuronales como respuesta a la profusión de información breve e hiperconectada que recibimos a diario, principalmente a través de la red. A cambio, sacrificamos nuestra capacidad de leer y de pensar con profundidad.

Dicho de otra manera: cada vez somos más hábiles para revolotear sobre información superficial mientras nuestras capacidades de concentración, contemplación y reflexión dejan de ser operativas.

El problema es que la red ya no es aquél ‘mundo virtual’ al que nos referíamos a principios de los noventa, cuando Internet daba sus primeros pasos. Mundo solo hay uno y lo que sucede en uno y otro lado acaba, de una manera u otra, salpicándonos a todos, como individuos y como individuos en relación; o sea, a la sociedad en su conjunto. Y quién sabe si incluso estamos enfermando sin saberlo.

A vuela pluma he buscado unos ejemplitos de todo eso que fomenta la superficialidad y la estupidez, y que tanto abunda últimamente. En internet, sí, pero también en la formación online y en los libros de ‘autoayuda’ –por cierto, acabo de enterarme de que llevan años como el género más leído–. Machacar una y otra vez con este tipo de información crea la ilusión de que puedes aprender a hacer prácticamente cualquier cosa como la haría un profesional ‘en unos pocos pasos’. Fácil, superficial, instantáneo. Nadie nos dice lo que no queremos escuchar: necesitarás esfuerzo, atención sostenida, mucho tiempo de práctica, equivocarte, aprender de tus errores, etc.

 

Este artículo debería haber terminado ya. Lo se.

De todos modos invito a los osados a conectar esta reflexión sobre la superficialidad del aprendizaje –y por tanto de sus resultados– con un fenómeno que me tiene perplejo: cada día más todo el mundo dice que ‘sabe’ hacer más cosas, más, y mejor. Para muestra un vistazo a los currículums contemporáneos. Aunque para chocantes, las ofertas de empleo contemporáneas. Supuestos profesionales de los recursos humanos fantasean inventando perfiles ‘supermán’ como yo los llamo. Ejemplo: diseñadores gráficos con talento creativo demostrable a través de una dilatada experiencia, por supuesto, que manejen los programas de diseño, maquetación y retoque fotográfico pertinentes pero, ojo, que además sepan hacer vídeo, diseñar y programar web (vete tú a saber en cuántos lenguajes), que sepan lo que no está escrito de marketing online, por supuesto que sepan redactar (por si hubiere que hacer de community manager), ¡Ah!, al menos un buen nivel de inglés hablado y escrito, y… etc.

La cosa no se queda solo en este sector, abigarrado y concurrido donde los haya. Hace poco un amigo, asesor comercial de exportación con dilatada experiencia y tres idiomas de nivel muy alto, me contaba más o menos lo mismo. “Te llaman para una entrevista tras postularte como candidato a una oferta muy concreta –y tanto, porque está muy mal pagada–, y cuando llegas allí te dicen que ‘el puesto se está creando’, y que esperan de los candidatos seleccionados que aporten un ‘plan de expansión a nuevos mercados’, o al menos ‘ideas para valorar su valía antes de decidirnos’, ‘disposición absoluta a viajar al extranjero’, etc., etc.”

¿Estamos todos locos o qué? Se está fomentando la ficción de que puedes aprender cualquier especialidad que antes necesitaba toda una vida, o al menos una buena parte de ella, para poder dominarla con cierta maestría, y lo verdaderamente grave es que todos mantienen esa ficción con una sonrisa estúpida. Los departamentos de recursos humanos le dicen al empresario lo que desea oír –que ‘ahí fuera’ hay talento súperpreparado y baratísimo–, y los desesperados aspirantes a un puesto, tras hacer varios másteres superficiales on-line y hartos ya de escuchar estupideces dicen ‘sí, yo se hacer todo eso, lo juro, ponme a prueba’ –y salen corriendo a hacer otro curso on-line, rapidito eso sí, por si acaso cae la breva–.

1, 2, 3 y…